Táctica y cálculo en ajedrez: por qué no son lo mismo
Una de las cosas que más tiempo tardé en entender cuando empecé a estudiar ajedrez seriamente es que ser bueno en táctica y ser bueno calculando no son exactamente lo mismo. Muchas veces utilizamos ambas palabras como si fueran prácticamente sinónimos. Decimos que alguien "calcula muy bien" porque encuentra muchas tácticas o pensamos que para mejorar nuestro cálculo simplemente tenemos que resolver cientos de ejercicios tácticos. Y aunque ambas habilidades están completamente relacionadas, existe una diferencia importante entre ellas. Entender esa diferencia también nos permite entender qué estamos entrenando realmente y a qué deberíamos darle prioridad dependiendo de nuestro nivel.
¿Qué es realmente la táctica?
Cuando hablamos de táctica, una parte importantísima de esta habilidad consiste en el reconocimiento de patrones. Pensemos en algo tan sencillo como un ataque doble con un caballo. Cuando comenzamos a jugar necesitamos detenernos a observar la posición para darnos cuenta de que el caballo puede atacar simultáneamente al rey y a la dama. Después de haber visto ese mismo patrón decenas o cientos de veces, ya no necesitamos realizar conscientemente ese proceso: simplemente lo vemos. Lo mismo empieza a suceder con clavadas, descubiertas, desviaciones, sobrecargas, sacrificios y diferentes patrones de mate. Mientras más posiciones tácticas conocemos, mayor es nuestra capacidad para reconocer inmediatamente que en determinada posición existe una oportunidad.
La táctica también suele estar limitada a una cantidad relativamente pequeña de jugadas. Podemos encontrarnos con combinaciones de tres, cuatro, cinco o incluso seis o siete jugadas, pero normalmente existe una secuencia relativamente concreta que conduce hacia un resultado: ganar material, dar jaque mate, conseguir una ventaja decisiva o alcanzar algún otro objetivo. Lo importante es que detrás de esa combinación suele existir un patrón que podemos aprender a reconocer y que, después de haberlo visto suficientes veces, nos permite encontrar ideas similares mucho más rápido.
Por eso resolver ejercicios tácticos es tan importante durante las primeras etapas de nuestro desarrollo. Cuando resolvemos un problema no solamente estamos aprendiendo la solución de esa posición específica, también estamos agregando un nuevo patrón a nuestra cabeza que posteriormente podremos reconocer durante una partida. Con suficiente repetición, estos patrones comienzan a aparecer de manera prácticamente automática y dejamos de necesitar una enorme cantidad de tiempo para encontrarlos.
Para esta primera etapa recomiendo mucho Chess: 5334 Problems, Combinations and Games, de László Polgár. Es un libro que contiene miles de posiciones y que, precisamente por la enorme cantidad de problemas que incluye, me parece especialmente útil para lo que buscamos en esta etapa: exponernos una y otra vez a diferentes patrones hasta que comencemos a reconocerlos de manera automática. No se trata únicamente de resolver una posición difícil, sino de aumentar poco a poco la cantidad de patrones que somos capaces de identificar sobre el tablero.
Entonces, ¿qué significa calcular?
Aquí comienza la diferencia. El cálculo aparece principalmente cuando no conocemos inmediatamente la respuesta. Nos encontramos frente a una posición nueva, identificamos diferentes movimientos candidatos e intentamos visualizar qué sucederá después de cada uno. Si juego esto, mi rival puede responder de esta manera; después puedo continuar con esta otra jugada, pero entonces existe otra respuesta que también tengo que considerar. Tenemos que mantener esas posiciones en nuestra cabeza, comparar diferentes variantes y finalmente llegar a una conclusión.
A diferencia de la táctica, el cálculo no tiene necesariamente una cantidad determinada de jugadas. Podemos continuar avanzando mentalmente dentro de una variante tanto como la posición lo requiera y nuestra capacidad nos lo permita. Algunas veces serán cuatro movimientos, otras serán ocho y en determinadas posiciones podemos necesitar calcular 12, 15 o incluso más jugadas hacia adelante. No estamos intentando necesariamente encontrar un patrón que conocemos. Muchas veces estamos haciendo pruebas mentalmente para descubrir qué pasa después de determinadas jugadas.
Un ejemplo bastante claro aparece en los finales. Imaginemos una posición donde estamos considerando realizar varios cambios de piezas y sabemos que después de esos cambios llegaremos a un final de peones. A partir de ahí comienza una carrera entre los reyes y los peones de ambos jugadores. Para saber si debemos entrar en ese final podemos necesitar calcular toda la secuencia: cambio una pieza, mi rival recaptura, cambio la siguiente, llegamos al final de peones, mi rey comienza a caminar hacia un lado, el suyo hacia otro y ambos comenzamos a avanzar nuestros peones. Cuando finalmente llegamos a la conclusión pueden haber pasado 14, 15 o 16 jugadas. Y puede suceder que nunca hayamos visto esa posición anteriormente.
No estamos reconociendo necesariamente un patrón de 16 jugadas. Estamos haciendo una serie de pruebas sobre la posición, avanzando mentalmente y preguntándonos constantemente qué sucedería después de cada movimiento hasta llegar a una posición que podamos evaluar. Esa, para mí, es una de las diferencias más claras entre táctica y cálculo.
Podríamos resumirlo diciendo que la táctica nos permite pensar: "conozco este patrón y sé qué está sucediendo", mientras que el cálculo aparece cuando tenemos que decir: "no sé exactamente qué sucede aquí, así que voy a intentar descubrirlo".
La táctica es una herramienta dentro del cálculo
Esto no significa que ambas habilidades estén separadas. Todo lo contrario: nuestros patrones tácticos son una de las herramientas que utilizamos mientras calculamos. Si durante una variante llegamos mentalmente a una posición donde existe un patrón táctico que conocemos perfectamente, tendremos muchas más probabilidades de identificarlo. Mientras mayor sea nuestra biblioteca de patrones, más herramientas tendremos disponibles durante nuestro cálculo.
El problema aparece cuando pensamos que resolver ejercicios tácticos automáticamente significa que estamos entrenando profundamente nuestro cálculo. Cuando resolvemos una táctica existe una condición bastante artificial: sabemos que hay algo. Nos presentan una posición y, aunque nadie nos diga exactamente cuál es la solución, sabemos que existe una jugada especialmente fuerte. Por lo tanto empezamos a buscar jaques, capturas, sacrificios y movimientos extraños porque sabemos que algo debe estar ahí.
Durante una partida nadie nos avisa. Podemos tener una posición completamente tranquila y de repente aparecer una combinación, o podemos pasar diez jugadas sin que exista ninguna. Tenemos que decidir por nosotros mismos cuándo existe una razón para calcular, qué movimientos debemos considerar y hasta dónde necesitamos llevar cada variante antes de poder llegar a una conclusión.
Para mejorar el cálculo tenemos que calcular
Mi recomendación personal, una vez que tenemos una base táctica suficientemente buena, es empezar a dedicar tiempo específicamente al cálculo. Esta es además una de las habilidades que más trabajo cuesta desarrollar porque no existe demasiado atajo: para mejorar el cálculo tenemos que calcular. Tenemos que enfrentarnos a posiciones complicadas, visualizar variantes, mantener las piezas en nuestra cabeza, equivocarnos y posteriormente comprobar nuestras respuestas.
Al principio vamos a hacerlo mal muchas veces. Vamos a olvidar que una pieza ya se había movido, vamos a calcular una variante increíble para descubrir que nuestro rival tenía una respuesta sencilla en la segunda jugada, vamos a detener una variante demasiado pronto o vamos a calcular diez movimientos cuando nuestro error estaba en el tercero. Todo esto forma parte del entrenamiento. Nuestra capacidad para visualizar y mantener posiciones mentalmente se desarrolla precisamente mediante este proceso repetitivo de intentar, equivocarnos, comprobar y volver a intentarlo.
Además, calcular bien no significa simplemente ser capaz de visualizar una enorme cantidad de jugadas hacia adelante. El número de posibilidades en una partida de ajedrez crece demasiado rápido como para intentar analizar absolutamente todo. También tenemos que aprender a seleccionar movimientos candidatos, identificar las respuestas más importantes de nuestro rival y decidir qué variantes realmente vale la pena continuar. Podemos ser capaces de visualizar muchas jugadas y aun así calcular mal constantemente si comenzamos nuestras variantes desde candidatos incorrectos.
Para esta etapa recomiendo Piense como un gran maestro, de Alexander Kotov. Una de las ideas más conocidas del libro es precisamente intentar organizar nuestro proceso de cálculo mediante movimientos candidatos y diferentes ramificaciones de una posición. Independientemente de que con el tiempo cada jugador termine desarrollando su propia manera de calcular, me parece un excelente punto de partida para entender que calcular no significa simplemente intentar ver muchas jugadas hacia adelante, sino aprender a organizar nuestro pensamiento.
El cálculo puede compensar nuestra falta de conocimiento
Una de las razones por las que considero tan valioso desarrollar el cálculo relativamente pronto es que puede compensar durante bastante tiempo nuestra falta de conocimiento teórico. Imaginemos, por ejemplo, que nuestro rival juega una celada de apertura que nunca hemos estudiado. No sabemos que existe y tampoco conocemos cuál es la respuesta teórica, pero podemos comenzar a preguntarnos qué está amenazando nuestro rival, analizar las consecuencias de aceptar un sacrificio y eventualmente encontrar la defensa correcta. En ese momento acabamos de solucionar mediante cálculo un problema que otro jugador podría solucionar simplemente mediante conocimiento.
Lo mismo puede suceder en el medio juego y, como vimos antes, en los finales. Tal vez no sabemos exactamente cuál es el plan correcto, pero tenemos una herramienta que nos permite intentar descubrirlo sobre el tablero. Por eso considero que existe una etapa especialmente buena para desarrollar esta habilidad: cuando todavía no tenemos demasiado conocimiento teórico. Puede parecer contradictorio, pero mientras menos respuestas conocemos de memoria, más veces estamos obligados a encontrarlas nosotros mismos.
Cuando adquirimos muchísimo conocimiento comienza a suceder lo contrario. Reconocemos una estructura y sabemos aproximadamente dónde debe colocarse nuestro caballo; llegamos a un final que ya estudiamos y conocemos la maniobra correcta; entramos en una variante de apertura que hemos preparado y sabemos cuál es la continuación. Esto es algo positivo y precisamente para eso estudiamos, pero también significa que en esas situaciones necesitamos calcular menos. Por eso creo que vale muchísimo la pena aprovechar las primeras etapas de nuestro desarrollo para construir una capacidad fuerte de cálculo antes de empezar a depender demasiado del conocimiento.
¿Hasta dónde puede llevarnos el cálculo?
Es imposible establecer una puntuación exacta porque cada jugador se desarrolla de manera diferente, pero considero que una buena visión táctica acompañada de una capacidad fuerte de cálculo puede llevarnos bastante lejos. Como una referencia muy general, podríamos estar hablando de pasar aproximadamente de los 1600 o 1700 hasta acercarnos a los 2000 puntos de Chess.com. Podemos tener carencias importantes en aperturas, desconocer muchos finales e incluso no comprender perfectamente algunas estructuras, pero si somos capaces de encontrar buenas jugadas y detectar los errores concretos de nuestros rivales podemos compensar muchas de esas deficiencias.
Sin embargo, eventualmente esa compensación deja de ser suficiente. Llegará un momento en el que estaremos intentando calcular posiciones que otros jugadores simplemente conocen. Nosotros podemos gastar diez minutos intentando descubrir cuál es el plan correcto mientras nuestro rival lo conoce porque ha estudiado varias partidas sobre esa estructura. Podemos intentar encontrar sobre el tablero cómo defender una variante de apertura mientras nuestro rival la preparó previamente utilizando un módulo, o llegar a un final y gastar muchísimo tiempo calculando algo que nuestro rival sabe inmediatamente porque estudió esa posición exacta.
Aquí comienza otra etapa de nuestro progreso. El cálculo no deja de importar y seguirá siendo una de nuestras herramientas principales durante toda nuestra vida como jugadores, pero deja de ser suficiente por sí solo. Es entonces cuando tenemos que empezar a desarrollar una comprensión mucho más amplia del juego: estructuras, aperturas, medio juego y finales.
Antes de decidir qué estudiar dentro de toda esa cantidad de conocimiento aparece una pregunta que para mí es fundamental: ¿qué tipo de jugador eres? Porque una vez que tienes una buena base táctica y puedes calcular correctamente, ya no necesitas simplemente aprender "más ajedrez": necesitas empezar a aprender el ajedrez que quieres jugar.