Me parece que todos los que jugamos ajedrez hemos experimentado una o más veces un estancamiento en nuestro nivel.

Cuando yo comencé a jugar ajedrez, empecé jugando online. Recuerdo que durante los primeros años podía notar mi progreso de una forma bastante clara: cada cierto tiempo subía 20 puntos, 50 puntos o alcanzaba una nueva puntuación máxima. Sentía que simplemente jugando, aprendiendo algunas cosas y adquiriendo experiencia podía seguir mejorando. Hasta que llegué aproximadamente a los 1400 puntos de Elo en Chess.com. Ahí fue la primera vez que experimenté realmente un estancamiento.

Cuando hablo de estancamiento me refiero a ese momento en el que nuestro nivel, medido de una forma relativamente objetiva por nuestro rating o Elo, simplemente deja de subir durante un periodo largo. A veces pueden ser unos meses, pero también pueden ser años.

Y creo que una de las cosas más importantes que he aprendido después de varios años jugando ajedrez es que no existe una sola barrera que nos impida mejorar. A medida que subimos de nivel nos vamos encontrando diferentes muros: solucionamos un problema, comenzamos nuevamente a progresar y eventualmente llegamos a otro punto donde aquello que nos permitió mejorar anteriormente ya no es suficiente.

Personalmente dividiría este proceso en cuatro grandes niveles: nivel táctico, nivel de cálculo, nivel estructural y nivel teórico. Entender en cuál de estos niveles nos encontramos puede ayudarnos muchísimo a descubrir por qué hemos dejado de mejorar.

La primera barrera: la táctica

La primera gran barrera con la que normalmente nos encontramos es la táctica. Cuando comenzamos a jugar podemos aprender los principios básicos de apertura, algunos finales, desarrollar nuestras piezas correctamente y conocer algunas ideas estratégicas. Pero nada de esto sirve demasiado si constantemente estamos perdiendo material por errores tácticos.

¿De qué sirve estudiar una apertura durante 10 o 15 jugadas si apenas salimos de la posición que memorizamos nos dejamos un alfil por un tenedor? ¿De qué sirve estudiar finales si probablemente nunca llegaremos a ellos porque perdimos una pieza en el medio juego? ¿Y de qué sirve aprender a construir un excelente ataque si cuando finalmente tenemos la oportunidad de rematar la partida no vemos el jaque mate? Por eso considero que esta es la primera gran barrera que cualquier jugador necesita superar.

Y aquí hay una diferencia importante que muchas veces no hacemos cuando estamos comenzando: táctica y cálculo no son exactamente lo mismo. La táctica está muy relacionada con el reconocimiento de patrones. Después de resolver suficientes ejercicios comenzamos a reconocer automáticamente ataques dobles, clavadas, desviaciones, descubiertas, sacrificios y diferentes patrones de mate. Hemos visto esas ideas tantas veces que cuando aparecen nuevamente sobre el tablero podemos reconocerlas casi inmediatamente.

El problema aparece cuando todavía no tenemos suficientes patrones almacenados. Terminamos una partida, encendemos el módulo y descubrimos que teníamos una jugada que ganaba una pieza. O analizamos la partida con alguien más fuerte y nos muestra un jaque mate que estaba prácticamente enfrente de nosotros. Una vez que nos lo muestran parece evidente. Pero durante la partida simplemente no lo vimos.

Esta primera barrera puede aparecer aproximadamente alrededor de los 1400, 1500 o 1600 puntos de Chess.com. Evidentemente no considero estos números como una regla — cada jugador aprende de manera diferente. Pero sí creo que existe una etapa en la que mejorar nuestra visión táctica es probablemente mucho más importante que intentar adquirir grandes cantidades de conocimiento teórico.

Cuando la táctica ya no es suficiente: el cálculo

Eventualmente comenzamos a reconocer esos patrones y dejamos de cometer tantos errores tácticos básicos. Y volvemos a subir. Pero después aparece otro problema: conforme nuestros rivales mejoran, cada vez nos encontramos más posiciones donde no existe un patrón que simplemente podamos reconocer. Tenemos que descubrir qué sucede. Y para eso necesitamos calcular.

Si la táctica consiste muchas veces en reconocer algo que ya conocemos, el cálculo nos permite enfrentarnos a una posición nueva, generar diferentes posibilidades y mirar varias jugadas hacia el futuro para intentar encontrar una solución. Por eso mi recomendación personal después de desarrollar una buena base táctica sería dedicar muchísimo tiempo al cálculo.

Además, considero que esta es una de las habilidades más difíciles de desarrollar en ajedrez por una razón bastante sencilla: solo se puede mejorar el cálculo calculando. Y eso significa calcular mal muchas veces. Tenemos que intentar visualizar posiciones, equivocarnos, descubrir que omitimos una respuesta del rival, regresar, volver a intentarlo y repetir ese proceso una enorme cantidad de veces.

Incluso considero que existe una ventaja en desarrollar esta habilidad antes de adquirir demasiado conocimiento teórico. Cuando sabemos mucho sobre una posición, necesitamos calcular menos: simplemente sabemos que determinada jugada es buena porque conocemos la estructura, la apertura o el final. Pero cuando todavía no tenemos ese conocimiento estamos obligados a descubrir las respuestas por nosotros mismos, y esa necesidad nos obliga a calcular.

Una buena capacidad de cálculo puede compensar durante bastante tiempo nuestra falta de conocimiento. Podemos, por ejemplo, evitar una celada de apertura que nunca habíamos visto simplemente porque calculamos correctamente sus consecuencias. No sabemos que existe la celada, no conocemos la teoría, pero encontramos la solución sobre el tablero.

Por eso considero que una buena combinación de táctica y cálculo puede llevar a un jugador bastante lejos, incluso aproximadamente hacia los 2000 puntos de Chess.com. Pero eventualmente volvemos a encontrarnos con otro muro.

El muro que me detuvo durante años

Yo comencé a jugar ajedrez aproximadamente a los 15 años. Para los 18 años había desarrollado una capacidad de cálculo bastante buena. Jugaba mucho, podía encontrar ideas tácticas complicadas y sentía que podía solucionar una gran cantidad de posiciones simplemente pensando. Pero después dejé de mejorar.

Y lo curioso es que seguí jugando. Pasaron los 19, los 20, los 21, los 22... Durante aproximadamente cinco años prácticamente no hubo un progreso significativo en mi nivel. Yo seguía jugando ajedrez, pero aquello que había utilizado para llegar hasta ahí ya no era suficiente.

Y ese fue probablemente el estancamiento más importante que he experimentado porque eventualmente me hizo entender algo: no puedes solucionar todo en ajedrez calculando. Había llegado a la siguiente barrera.

El nivel estructural

Después de desarrollar táctica y cálculo llega un punto donde necesitamos empezar a entender el ajedrez de una manera mucho más completa: tenemos que aprender aperturas, estructuras de peones, planes de medio juego y finales. Pero aquí aparece inmediatamente otro problema: el conocimiento disponible en ajedrez es prácticamente infinito. No podemos aprender todo. Entonces necesitamos priorizar.

Y una de las mejores herramientas para hacerlo es algo bastante sencillo: probabilidad. ¿Qué posiciones voy a encontrar con mayor frecuencia? ¿Qué estructuras aparecen constantemente dentro de mis aperturas? ¿Qué finales tienen mayores probabilidades de aparecer en mis partidas? ¿Qué conocimientos puedo aprender que me permitan entender muchas posiciones diferentes? A esta etapa yo la llamaría nivel estructural del ajedrez.

Por ejemplo, en lugar de comenzar memorizando una apertura hasta la jugada 20, primero podemos aprender sus líneas principales aproximadamente hasta las jugadas 6, 7, 8 o 9 y detenernos a observar qué posición obtuvimos: ¿cómo quedó nuestra estructura de peones?, ¿qué debilidades tenemos?, ¿qué debilidades tiene nuestro rival?, ¿en qué flanco debemos jugar?, ¿cuáles son nuestras mejores piezas?, ¿qué piezas queremos cambiar?, ¿qué planes son típicos dentro de esa estructura?

Después podemos hacer lo mismo con las estructuras más frecuentes de nuestro repertorio y complementar este conocimiento con los finales fundamentales que tienen mayores probabilidades de aparecer en nuestras partidas. Ya no solamente sabemos calcular una posición: ahora empezamos a entenderla.

Y personalmente fue desarrollar este tipo de conocimiento lo que finalmente me permitió romper la barrera alrededor de los 2000 puntos de Chess.com y posteriormente alcanzar aproximadamente los 2250. No fue descubrir una nueva forma de calcular ni resolver miles de ejercicios tácticos adicionales. Fue darme cuenta de que necesitaba empezar a estudiar el juego de una forma mucho más integral.

El último nivel: el conocimiento teórico

Pero incluso el nivel estructural tiene un límite. Podemos conocer los planes generales de una estructura y aun así existir una posición específica donde solamente una jugada funciona. Podemos conocer perfectamente los principios de una apertura y aun así caer en una variante que nuestro rival preparó durante horas con un módulo. Podemos entender un final y aun así desconocer un recurso exacto que cambia completamente su evaluación.

Aquí entramos en lo que considero el último gran nivel: el nivel teórico. Ahora ya no basta con saber que en determinada estructura normalmente debemos atacar en el flanco de dama. Queremos saber qué sucede exactamente si nuestro rival juega una determinada jugada en la 17. Queremos revisar bases de datos y descubrir qué jugó Magnus Carlsen, Fabiano Caruana o cualquier especialista de esa posición. Queremos analizar partidas completas que partieron de nuestras propias aperturas para descubrir planes mucho más específicos.

En los finales sucede algo parecido. Primero podemos aprender aquellos 30 o 40 finales fundamentales que aparecen constantemente. Pero un jugador avanzado puede terminar estudiando cientos de posiciones exactas para aprovechar recursos que quizá aparezcan una sola vez después de muchísimas partidas.

Y aquí aparece una diferencia enorme respecto a los niveles anteriores: creo que este nivel realmente nunca termina. Siempre existe otra posición que podemos aprender, otra variante, otro final, otra partida que podemos analizar, otra idea que desconocemos.

Ni siquiera un genio del cálculo está libre de estudiar

Muchas veces observamos jugadores como Mijaíl Tal o Richard Rapport y pensamos principalmente en su creatividad y capacidad de cálculo. Pero detrás de jugadores así también existen años y años de conocimiento ajedrecístico. Podemos ser extraordinariamente buenos calculando, pero llegado cierto nivel no podemos esperar descubrir absolutamente todo sobre el tablero.

Especialmente hoy, cuando buena parte de la teoría ha sido analizada con computadoras. Si nuestro rival estudió una posición previamente con un módulo y nosotros estamos intentando descubrir la solución durante una partida, con el reloj corriendo, estamos compitiendo con conocimiento generado utilizando una capacidad de cálculo muchísimo mayor que la nuestra.

No importa qué tan buenos seamos calculando: no vamos a calcular mejor que una computadora que pudo estudiar esa posición previamente sin la presión de una partida. Por eso creo que nadie que quiera alcanzar un nivel realmente alto está completamente libre de estudiar.

Entonces, ¿por qué nos estancamos?

Después de experimentar diferentes estancamientos durante mi propio progreso, creo que muchas veces el problema no es que hayamos dejado de mejorar. El problema es que seguimos intentando mejorar utilizando exactamente las mismas herramientas que nos llevaron hasta nuestro nivel actual.

  • ¿Tu barrera es táctica? estudiar veinte jugadas de apertura probablemente no solucionará el problema.
  • ¿Tu táctica ya es buena pero no analizas bien posiciones nuevas? necesitas cálculo.
  • ¿Calculas bien pero llegas constantemente a posiciones que no entiendes? necesitas conocimiento estructural.
  • ¿Ya tienes una comprensión bastante completa del juego? eventualmente tendrás que profundizar en el enorme mundo del conocimiento teórico.

Por eso dividiría el progreso de un jugador en cuatro grandes etapas: táctica, cálculo, conocimiento estructural y conocimiento teórico. No creo que exista una puntuación exacta en la que todos debamos pasar de una etapa a otra. Tampoco significa que al entrar en una nueva etapa abandonemos las anteriores: nuestra táctica, nuestro cálculo y nuestra comprensión tienen que seguir desarrollándose durante toda nuestra vida como jugadores.

Pero sí creo que existe una pregunta que vale la pena hacernos cuando llevamos meses o incluso años sin mejorar: ¿realmente necesito seguir haciendo más de lo mismo o acabo de llegar a una nueva barrera?

Porque quizá el problema no sea que ya no puedas mejorar. Quizá simplemente necesitas descubrir cuál es la siguiente habilidad que tu ajedrez te está exigiendo.